Manual de Taludes del Instituto Geológico y Minero de España (IGME)

Aprovechando que estoy calculando unos taludes estos días, añado al blog el Manual de Taludes del Instituto Tecnológico GeoMinero de España (ITGE), denominación que duró muy poco, de 1988 a 2000, año en que volvió a ser otra vez el Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

Manual de Taludes del Instituto Geológico y Minero de España (IGME)

Es la primera y única edición, la de 1987, titulada simplemente «Manual de Taludes«. En 1991 se hizo una primera reimpresión, con una nueva portada, de color verde (la de la imagen superior), y un nuevo título, «Manual de Ingeniería de Taludes«, y en 2006 una segunda reimpresión, pero esta vez sólo cambiaron la portada.

Durante el V Congreso de Taludes y Laderas Inestables de Madrid, en 2001, le pregunté a Francisco Ayala Carcedo (qepd), codirector del Manual y también del Congreso, por una posible 2ª edición y me dijo que él no estaba interesado, pero que había mucha gente del IGME que sí lo estaba así que, quién sabe, quizá algún día lleguemos a verla (estaría muy bien, es un libro muy recomendable).

Como me gusta saber lo que me han costado los libros (sobre todo si los he pagado yo), no suelo quitarles el precio, éste en concreto me costó 3.120 pesetas (18,75 euros) en 1997. En el catálogo de publicaciones del IGME de 2009 [pdf, 6 MB] vale 30 €, no está mal el aumento del IPC.

El documento que enlazo no es exactamente el mismo archivo pdf que está disponible en la página web del IGME, al escanearlo mezclaron algunas páginas, he corregido lo que he podido.

Manual de Taludes del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) Manual de Taludes / Manual de Ingeniería de Taludes [pdf – 28 MB]

Si lo quieres en versión impresa porque lo vas a manejar mucho, porque te gusta tener los libros encuadernados en papel, porque quieres regalarlo o, simplemente, porque no te gusta consultar documentos por pantalla, puedes comprarlo en el siguiente enlace afiliado:

El ataque del pilote hincado contra el coche aparcado

Una de tantas cosas que ocurren en la obra cuando menos se lo espera uno. Como se puede ver, se trata de un pilote metálico que sufre un «pequeño desvío» durante su hinca, surgiendo desde las profundidades para atacar a un pobre coche (un Honda) que no se esperaba nada, tan tranquilo él, allí aparcado, pensando en sus cosas (que si el cambio de aceite, que si la revisión de los 15.000 km, vamos, lo normal).

Ocurrió en los muelles del puerto de Uddevalla, en Suecia (aquí en Google Maps), en un terreno formado por arcillas blandas de origen marino sobre un suelo denso más competente en profundidad. La cimentación estaba compuesta por 66 pilotes metálicos, hincados a 34 metros de profundidad, el feroz ataque se produjo durante el hincado del 16º pilote.

Como dice el artículo (el enlace está más abajo), las empresas de pilotes siempre cuentan historias sobre pilotes que se tuercen y salen del suelo, historias que siempre tienen los mismos detalles y siempre son de «segunda mano», pero esta vez hay pruebas, las fotografías, la tierra movida, indicando que, efectivamente, el pilote ha salido por debajo y, por supuesto, la abolladura del coche.

Si alguien se está preguntando qué se hizo, el artículo lo aclara, nada, se repitió ese pilote, se continuó con la hinca de los que quedaban y ya está.

Y como dice también, menos mal que el pilote salió a superficie fuera del recinto, porque si hubiera salido dentro, el contratista lo hubiera contado como otro pilote ejecutado y nadie hubiera sabido nada.

Fuente: Geotechnical News, 1983 [pdf – 2,45 MB]


Inspección de obras, siempre es necesaria, siempre

Inspeccionar las obras antes de su entrada en servicio siempre es recomendable, aunque sólo sea por sentido común. En el caso de las conducciones, no es necesario decir que se ahorra mucho dinero, es más que evidente, sobre todo sabiendo cómo se hacen las cosas.
Claro que… encontrar «esto», dos veces en el mismo día, y a menos de 100 metros de distancia, es para plantearse si no es algo más que un simple descuido. No, no son dos vistas del mismo cubo, son dos cubos distintos, «olvidados» dentro de la conducción, en menos de 100 metros.

¿Por qué no debe usarse el método 2:1 o trapecial para calcular tensiones en el terreno?

Hay gente que no lleva bien la incertidumbre, es gente que necesita resultados exactos para todo o que, simplemente, no concibe que algo no se pueda calcular con exactitud. Por eso hay gente que no acepta (o no quiere aceptar) que, en geotecnia, el cálculo de asientos tenga un error relativo de hasta el 50%.

El asiento es la respuesta del terreno a la aplicación de una carga. Para conocer el terreno hacemos reconocimientos y para estudiar cómo influye la carga hacemos números. Dependiendo del método de cálculo, esos números serán más o menos correctos y más o menos similares, excepto en un caso, ya olvidado, que ha salido de su destierro estos últimos años, el método trapecial o 2:1, el que supone que las tensiones se propagan en profundidad con una pendiente de 2:1, un método intuitivo y didáctico, pero erróneo en la práctica.

Frases como «yo no me preocupo por usar métodos complicados, prefiero quedarme del lado de la seguridad y usar el método 2:1«, confirman que, quien las pronuncia ni siquiera se ha molestado en comprobarlo, y es que todavía hay gente que usa este método bajo un planteamiento conservador, cuando resulta ser todo lo contrario.

En su «Foundation analysis and design«, dice Joseph Bowles, «el método 2:1 coincide razonablemente bien con otros métodos más teóricos entre z=B y z=4B, pero no debe usarse en una profundidad comprendida entre z=0 y z=B» (siendo B la anchura).

Y aunque Bowles no explica las razones de esta negativa, no es difícil averiguarlo haciendo unos números rápidos. Tomemos una cimentación cuadrada de 2,00 m x 2,00 m, cargada con una tensión habitual, 200 kN/m², por ejemplo, y veamos como varían los esfuerzos aplicando el método 2:1 y el método de Holl (el habitual, sin corregir).

geotecnia, cálculo de tensiones

La gráfica muestra la variación de tensión en profundidad, como porcentaje de la tensión inicial. Se puede comprobar que, a partir de una cierta profundidad, unos 3 metros en este caso (1,5·B), los resultados coinciden bastante bien, tal y como dice Bowles, pero a menor profundidad no sólo no coinciden, sino que son inferiores, más o menos un 25%.

Seamos serios, si ya somos conscientes de cometer un error del 50%, admitir otro 25% no es valido, y menos todavía si estamos infravalorando el asiento. Este método sólo debe usarse para «números gordos» y estimaciones rápidas, pero nada más.

«En mecánica de rocas, lo importante es lo que no es roca»

Al contrario de lo que ocurre (o se supone que ocurre) en mecánica de suelos, el macizo rocoso no es un medio continuo, su comportamiento mecánico está determinado por las características conjuntas de la roca matriz y de las discontinuidades, de ahí la frase “En mecánica de rocas, lo importante es lo que no es roca”.

esquema-talud-roca

La figura es del más que recomendable «Engineering Rock Mechanics» de Hudson y Harrison (concretamente, del primer tomo). La usé para un proyecto, hace ya unos años, y si, cometí un error al traducirla… pero no se nota mucho, ¿verdad?.