¿Cuánto gana un ingeniero…?

¿Cuánto gana un ingeniero en obra civil?, ¿y en edificación?, ¿qué salario tiene un jefe de obra?, ¿y un jefe de grupo…?

Es muy difícil cuantificar (salvo que seas funcionario) cuál es el salario más apropiado para cada puesto, ¿debe ir en función del trabajo desempeñado?, ¿de la titulación?, ¿de la responsabilidad?, ¿del dinero que das a ganar a la empresa?, ¿del que evitas perder?, ¿del que consigues ahorrar…?

No creo que haya un «baremo universal» pero, en cualquier caso, Michael Page, la empresa de contratación, ha publicado sus estudios de remuneraciones para el periodo 2010-2011, y ya que hace unos meses traté el tema de los «geosueldos» en EEUU, creo que no está de más mencionarlo por aquí.

Son estudios propios, a partir de sus bases de datos, y si bien coincido con el Dr. House en que «todo el mundo miente, lo único que cambia es el por qué«, también es cierto que este tipo de estudios siempre sirve para algo, aunque sólo sea inducir a otras empresas a hacer lo mismo.

La horquilla de valores está delimitada por el número de empleados, el volumen de facturación, la cifra de negocio, etc… Dicen también en la página que han tenido en cuenta la responsabilidad, pero supongo que se refieren a la responsabilidad en la empresa (en cuanto al puesto y el dinero a ganar o perder) y no a la responsabilidad legal, y es que estos estudios suelen olvidar que ciertos técnicos se responsabilizan de por vida de sus decisiones y cálculos al firmar sus conclusiones…

En fin, de acuerdo a la temática de este blog, los dos estudios más interesantes serían:

Inmobiliaria y Construcción [pdf – 263 KB ]
Ingenieros [pdf – 325 KB]

 


 

Nubes de tormenta

Esta tarde, conforme la tormenta iba pasando por Valencia de SO a NE, más iba pensando yo que hoy era el día que enviaba una fotografía a la sección del tiempo del telediario de TVE… y eso mismo han debido pensar casi todos en un radio de 50 km porque, según el presentador (Albert Barniol, creo que se llama), han recibido un montón de fotografías desde Valencia durante la tarde.

No es para menos, los nubarrones daban miedo, y aunque al final han sacado fotos mucho mejores que la mía (aquí está la prueba), ya que me he molestado en pasarla a jpg y enviarla, la añado también al blog.

El mismo instante, con las nubes llegando al mar, en SAT24:


Ranking de Universidades, ¿de verdad estamos tan mal?

Hay muchas clasificaciones académicas de universidades y todas ellas son discutibles, tanto en criterios como en planteamientos (sean o no bibliométricos).

El pasado 13 de agosto Francis (th)E mule Science’s News adelantaba cambios en el Ranking Mundial de Universidades que establece el Times Higher Education, de próxima publicación. Sólo un día después se publicaba otro ranking, el Academic Ranking of World Universities 2010 (ARWU) que publica la Shanghai Jiao Tong University.

El ranking ARWU ha sido desastroso para las universidades españolas. La primera en aparecer, la Autónoma de Madrid, lo hace en la posición 201, y hay quien habla ya de fracaso mundial.

No estoy de acuerdo con esa definición, más que nada porque fracasar implica haberlo intentado, y no creo que sea ese el caso. Uno de los análisis más acertados que he visto al respecto es el que hacen en Amazings, y es que el problema no es salir mejor o peor situado en ese ranking, el problema es que jugamos en otra liga, con otras reglas y otros jugadores, y así difícilmente vamos a poder clasificarnos nunca.
Teniendo en cuenta el sistema español, a saber, democracia mal entendida, meritocracia nula, universidades por doquier, vistas por la sociedad como «fábricas de parados» y bajo la demagogia barata de siempre, además… ¿vale la pena hacer el esfuerzo de tener una universidad entre las mejores del mundo?

En mi opinión si, tener una entre las 100 primeras no estaría nada mal, crearía un efecto llamada, y eso siempre es positivo (por no mencionar que los países de nuestro entorno europeo las tienen). El problema es ¿qué universidad?, porque tendremos que elegir una a la que proporcionar fondos y ayudas, ¿no?, una universidad a la que la gente quiera ir, por prestigio y preparación, en lugar de estudiar en la que caiga más cerca de casa.

Todavía mejor, deberían ser dos. Los detractores de este tipo de universidades dicen que son elitistas, así que lo mejor sería apoyar dos universidades, de forma que se generara competencia y afán de superación.

Bien, apoyamos dos universidades entonces, ¿bajo qué criterios…?

Pues seguramente los que ya ha decidido el gobierno, recomiendo leer esta interesante charla (no consta fecha o yo no la encuentro) de QUO entre Juan Luis Arsuaga y nuestra actual ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, en la que ésta asegura que, gracias al plan Estrategia Universidad 2015, España tendrá 2 universidades entre las 50 mejores del mundo en el año 2015…

Por supuesto, la Ministra no es tonta y sabe perfectamente que, para entonces, ya será problema de otro, por no mencionar que, mientras tanto, es muy probable que se saquen de la chistera otra Ley Orgánica de Universidades o de Investigación o similar, ¿será por leyes…?

«Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes» le dijo Yoda a Luke, y más nos valdría hacer caso del consejo. Si no estamos dispuestos a hacerlo, apliquemos el sentido común y dejemos ese anhelo para días mejores, no están los tiempos ahora para tirar el dinero intentándolo, y menos teniendo en cuenta que uno de los criterios es que los egresados consigan trabajo…

Si has llegado hasta aquí y eres profesor asociado no mires este enlace, so pena de cabrearte mucho.

¿Cuánto ganan nuestros colegas en USA?

El American Geological Institute (AGI) publica, de forma periódica, boletines o «currents» con datos estadísticos de todo lo relacionado con las «geociencias» (el entrecomillado es mío, que ahora llaman ciencia a cualquier cosa). 
Los últimos meses han estado estudiando la participación de las mujeres en la profesión (pdf) o la distribución de especialistas por minorías étnicas (pdf), pero este mes han decidido tocar un tema económico, la evolución de los salarios medios durante el periodo 1999-2009:

El «current» completo está aquí (pdf), por si alguien quiere echarle un vistazo (es sólo una página).

¿Qué pensáis?, ¿estamos mejor o peor que ellos…?

Los laboratorios de geotecnia, el mercado y la Ley Ómnibus

Entre las geniales ocurrencias de nuestra clase política destaca la mala costumbre de resolver de forma tajante y expeditiva justamente los temas que más cuidado y atención requieren. Así, ante cuestiones incómodas se prohibe sin más (prohibido fumar, prohibido correr, prohibido comprar alcohol pasadas las 22:00, etc), y ante cualquier «duda razonable» de la Ley se redacta una nueva sin estudiar primero dónde, cómo y por qué fallaba la anterior (¿cuantas leyes de educación llevamos ya?).

El problema es que zanjar una cuestión al estilo «muerto el perro se acabó la rabia» sólo es válido si únicamente hay un perro y si, efectivamente, está rabioso… so pena de hacer el idiota, quedarnos sin perro y seguir con el contagioso problema de la rabia, cual película de zombies.

Que las competencias en urbanismo sean autonómicas es parte de la Constitución (Art. 148), que entre esas competencias vaya incluido el control de calidad de la edificación es, hasta cierto punto, discutible, ya que si una vivienda digna es un derecho (Art. 47), no está muy claro que el grado de dignidad pueda ser distinto en cada autonomía (digo yo), pero que la acreditación para que un laboratorio pueda medir esa dignidad dependa de cada autonomía… es complicado de entender.

Y si eso era extraño, todavía lo es más comprobar cómo, de un día para otro, y con la Ley Ómnibus en la mano, ya ni siquiera es necesario tener una acreditación para montar un laboratorio de ensayos, tan sólo una declaración responsable y un sistema de gestión de calidad.

¿Cúal es el problema?

Pues, básicamente, que en construcción cualquiera puede confirmar que los ensayos de rotura de probetas de hormigón o de doblado-desdoblado del acero verifican lo esperado. Y lo mismo ocurre con los ensayos de calidad para viales, se miran las actas, se comprueba si verifican los límites establecidos en los pliegos y ya está.

Pero la geotecnia no funciona así, en geotecnia el resultado de un ensayo no proporciona directamente la tensión admisible o la estabilidad de un talud, antes se requiere un análisis en conjunto de todos los datos para comprobar si son o no coherentes entre sí, y para eso necesitamos que los datos sean correctos, algo que, por muy acreditado que esté el laboratorio, no siempre se cumple.

¿Qué quiero decir?

Que si yo tengo una empresa de topografía, me encargan la medida exacta de un árbol centenario que, a ojo, tiene unos 15 metros y obtengo una altura de 10.000 km… tengo un problema, porque aunque el aparato esté perfectamente calibrado, la medida bien tomada y yo esté dispuesto a jurar que todo se ha hecho correctamente, también sé que el resultado está mal

Con la geotecnia ocurre justamente lo contrario. Las acreditaciones son útiles para comprobar que la muestra se extrae y ensaya correctamente, los acreditadores lo preguntan y comprueban todo, pero en ningún momento verifican si alguien es capaz de interpretar el resultado del ensayo y saber, a la vista de ese resultado, si el ensayo se ha hecho bien o mal. 

Ese es el problema, no conocer el producto.

Hace unos días me decía un amigo que debía hacer un informe pericial y le habían dado unos resultados que no servían para nada, con lo que el juicio estaba totalmente perdido, eso si, su cliente se había ahorrado un dinero contratando el laboratorio más barato…

No es nuevo, conozco un laboratorio acreditado en el que la clasificación del suelo la decide el sondista, digan lo que digan granulometrías y límites de plasticidad, al igual que hay laboratorios acreditados entregando actas con ángulos de rozamiento de 75º y cohesiones efectivas de 200 MN, justificando esos resultados desde la más absoluta ignorancia con un «pues es lo que ha salido«, excusa que le recuerda a uno aquello de «una vez hemos eliminado todo lo probable, solo queda lo improbable«, y lleva a pensar en hombrecillos verdes empecinados en estropear los ensayos con nocturnidad, alevosía y peleas a navajazos entre kilopondios, Newtons y Pascales.

Evidentemente, todos esos errores pueden «explicarse» más o menos bien en el informe geotécnico, pero si se trata de un informe para edificación te encuentras de frente con el revisor del Organismo de Control Técnico que, aún siendo consciente de que los ensayos están mal, tiene entre manos una memoria -firmada y visada por un técnico responsable- que no se corresponde con unas actas -firmadas por un laboratorio acreditado-, lo cual le crea no pocos conflictos en su propia empresa.

Hacer un edómetro o un triaxial no es lo mismo que romper una piedra o doblar un hierro. Hay ensayos que requieren interpretación y ensayos que por si solos proporcionan un resultado, no darse cuenta es un error, un error que llevamos ya mucho tiempo señalando con el dedo… tiempo que las entidades acreditadoras han  malgastado mirando el dedo.

Más información: