en Ingeniería

Hace unos años, en aquella gloriosa época en la que había trabajo a espuertas y nos engañábamos todos con lo de la Champions League de la economía mundial, cierta consultora de arquitectura e ingeniería con la que suelo (solía) colaborar me puso en contacto con una empresa de productos prefabricados que se estaba pensando entrar en edificación.

Yo había manifestado alguna vez mi (más que) favorable opinión sobre las múltiples posibilidades que los elementos prefabricados y modulares podían ofrecer en edificación (sigo pensando que son el futuro), así que nos reunimos, me enseñaron lo que hacían y me preguntaron qué opinaba.

Era fácil opinar. Tenían un producto fantástico, era realmente genial, además estaba totalmente alejado del tópico “vivienda prefabricada = vivienda fea”, lo cual lo hacía todavía más interesante, con aquel método se podía construir cualquier cosa, pero antes necesitaban darlo a conocer. Tenían que mostrar sus virtudes, explicar que el precio inicial -más caro- se traducía también en rapidez de construcción, ahorro a largo plazo en climatización, durabilidad y un montón de ventajas más, y para eso necesitaban publicidad, una web en la que localizarlos con vídeos, planos y catálogos y, por supuesto, una vivienda piloto que la gente pudiera ver, tocar y pisar, “ver para creer“, como Santo Tomás.

Por su cara era evidente que no era el primero que les decía algo tan obvio, como también era evidente que no les gustaba nada la idea (algo comprensible, dado su origen). Al final, tras varias reuniones, no llegamos a ningún acuerdo. Hace tiempo que no sé nada de ellos y lamentaría mucho que hubieran tenido que cerrar… pero antes de escribir este artículo los he buscado y siguen sin tener página web, como el 48,6% de las empresas de construcción españolas.

El dato no es mío, pertenece al informe Everis sobre Las tecnologías de la información y las comunicaciones en la empresa española 2011 (pdf – 1,09 MB). Atentos porque los números llaman la atención, sólo el 58,3% de las empresas españolas tiene web corporativa (por debajo de la media europea), porcentaje que disminuye hasta el 51,4% en las empresas de construcción, el menor de todos, incluso las industrias mineras tienen más visibilidad.

Lo curioso es que, siguiendo con el sector de la construcción, el 97% de las empresas usa el ordenador en el trabajo y el 95,6% accede habitualmente a Internet por motivos laborales, pero después es el sector que menos formación TIC ofrece a sus empleados y que menos marketing digital contrata… un mercado peculiar, el de la construcción, empeñado en esconderse.

 

El informe completo, con datos muy interesantes, en el icono inferior:

 EVERIS. Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en la empresa española 2011Las TIC en la empresa española 2011 (pdf – 1,09 MB)

 

Steve Jobs decía que en Apple no se planteaban crear productos pensando en las necesidades de las personas porque las personas no saben lo que quieren hasta que no se lo enseñas… puede que sea cierto, pero incluso una empresa como Apple monta tiendas y gasta dinero en dar a conocer sus productos. Si no lo enseñas, ¿cómo van a quererlo?


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Comentario

  1. Excelente artículo, ya estaba yo esperando que alguien del sector levantara la liebre!!!. Todo esto que dices no es más que la punta de lanza: si ni siquiera tienen web, de redes sociales, comercio on line y otras TIC ni hablamos !!! Quizá parte de lo que le está pasando al sector de la construcción tenga algo que ver con esto, que se quedó en el siglo XX (en algunos casos incluso en el XIX)

  2. La cruda realidad. Recientemente me tocó buscar proveedores para un proyecto y ese fue el panorama que me encontré. Y es muy deprimente, la verdad.

    Puedo entender que en una empresa no quieran saber mucho de internet y tengan una web estática, sin actualizar desde hace 4 años y con la mitad de los links caídos, en la que se limitan a poner el nombre y dirección de la empresa, una escueta descripción de sus productos. No es agradable, no es deseable, pero puedo llegar a entenderlo. Pero que en 2012 una empresa no tenga ni siquiera una mísera página web no merece otro nombre que suicidio comercial. De verdad, ¿cómo espera vender algo una empresa que no deja que la encuentren? Ya pueden tener el mejor producto, ya pueden ser grandísimos profesionales, ya pueden dejarse la piel en lo que hacen… Sin visibilidad, no hay clientes, y sin clientes no hay negocio.